El grupo de teatro Emakume Ausartak de San Sebastián nos comparte esta entrevista realizada por DK Irratia en su espacio Ispilu Beltza con motivo de la representación de La boda de Betty Blue este viernes.
La conversación con Marian González, integrante histórica del grupo, ofrece una ventana sincera y muy cercana al corazón del teatro amateur en Donostia. En la entrevista, Marian recuerda cómo llegó al escenario por pura casualidad, allá por 1993, cuando se apuntó a un taller de teatro en la Casa de Cultura de Alza “solo para ver qué pasaba”. Lo que encontró allí –un grupo apasionado, un director generoso y el vértigo de su primera actuación, en la que incluso se quedó en blanco– terminó por convertirse en una vocación que aún hoy la mantiene sobre las tablas.
A lo largo del diálogo, aflora el enorme trabajo que hay detrás de un grupo amateur: ensayos robados al tiempo libre, hijos pequeños correteando por la sala, apoyo incondicional de las familias y un compromiso casi militante por mantener el grupo vivo pese a cambios, pandemias y bajas inevitables. En su caso, de aquel equipo inicial solo quedan tres personas, aunque ahora el grupo ha vuelto a crecer hasta seis componentes gracias a nuevas incorporaciones que han traído aire fresco.
Marian destaca también la figura de su directora, Ainhoa Aierbe, a la que define sin dudar como “una joya” y una de las claves del buen momento que atraviesan. Con ella, el grupo presenta estos días “La boda de Betty Blue”, una comedia con intriga, corrupción, poder y una galería de personajes disparatados. Ella misma interpreta a Lili, “la viuda alegre”, un papel central lleno de humor y excentricidad que, según cuenta entre risas, está “como una cabra”.
La compañía se ha movido por distintos escenarios –Alza, el Antiguo, ahora Loyola–, siempre acogidos con cariño por el público. Aun así, Marian no oculta la realidad: cada vez cuesta más conseguir funciones, y muchos espacios culturales imponen condiciones difíciles para grupos que trabajan sin ánimo de lucro. Aun así, mantienen el empeño y confían en que esta obra pueda representarse alguna vez más.
El diálogo se cierra con una invitación abierta: disfrutar, reír y dejarse llevar por el trabajo de un grupo que lleva más de tres décadas demostrando que el teatro amateur sigue siendo un motor cultural imprescindible en los barrios. Y especialmente en tiempos difíciles, como recuerda Marian, “reír es importante”.


