Teatroamater 056 Almateatro

Hablamos hoy de un grupo que desde su fundación en 2009, el grupo almanseño ha demostrado que lo suyo no es solo subirse a un escenario, sino construir un proyecto cultural sólido, con raíces en su tierra y mirada abierta.

La historia comienza con el regreso de Alberto López a Almansa tras años de trabajo en Madrid. Jubilado, pero no retirado del teatro, detecta una necesidad: dar forma estable al teatro aficionado local y, además, impulsar un certamen nacional que sitúe a la ciudad en el mapa. Lo que empezó con incertidumbre y butacas medio vacías ha acabado convirtiéndose en un Certamen Nacional con más de 150 solicitudes por edición. Ese crecimiento no es casualidad: es el resultado de constancia, criterio y mucho trabajo silencioso.

Pero más allá del certamen, lo verdaderamente interesante es la identidad del grupo. Almateatro no se ha limitado a escoger textos cómodos o puramente comerciales. Han transitado por clásicos, por propuestas históricas vinculadas a la memoria local, por montajes en espacios no convencionales e incluso por la zarzuela, un terreno poco frecuente en el ámbito amateur.

Uno de sus proyectos más significativos es “Un hombre bueno”, obra basada en la figura real de un alcalde republicano de Almansa fusilado tras la Guerra Civil. No se trata de un texto efectista ni provocador por sistema. Es, más bien, un ejercicio de memoria y dignificación. Alberto investigó en archivos, habló con familiares y reconstruyó episodios a partir de testimonios dispersos. El resultado es una pieza que conecta con el público desde lo cercano, desde lo humano. 

En el otro extremo del repertorio encontramos su próxima adaptación de “Doce hombres sin piedad”, convertida en “Doce sin piedad” para incorporar actrices al jurado. La elección no es sencilla: es una obra de texto denso, tensión moral y ritmo interno. Aquí no hay grandes cambios escénicos ni artificios que distraigan. Todo descansa en la palabra. Para un grupo amateur supone un desafío considerable. Sin embargo, lejos de rehuirlo, han apostado por dinamizar la puesta en escena con movimientos, pequeñas acciones y una escenografía pensada desde la creatividad joven que se ha ido incorporando al colectivo. 

Especial mención merece su incursión en la zarzuela. En lugar de tratarla como una reliquia, la han abordado como teatro musical vivo. “La Revoltosa” fue un éxito local, y aunque “La verbena de la Paloma” plantea dificultades vocales —en especial por la necesidad de un tenor joven—, el grupo no pierde la ilusión. Cantar e interpretar no es sencillo, y en el ámbito amateur menos aún.

También han explorado espacios distintos al teatro convencional, como iglesias y conventos, con montajes de corte clásico acompañados por música coral. Por supuesto, no todo es fácil. La falta de actores jóvenes —muchos se marchan a estudiar fuera—, la dificultad de cuadrar ensayos con trabajos y responsabilidades familiares o la limitación de perfiles disponibles condicionan los repartos. Pero lejos de ocultarlo, el grupo lo asume con naturalidad. 

En definitiva, Almateatro representa una forma honesta de entender el teatro aficionado. No compite con lo profesional ni lo imita; ocupa su propio espacio: el de llevar el teatro donde a veces no llega, el de formar público, el de crear tejido cultural y el de recordar que el aplauso en directo sigue siendo insustituible. 

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