Charlamos hoy con Manuel España del grupo de teatro El Lugá
Teatro El Lugá: veinticinco años de escenario, público y perseverancia
Hablar de Teatro El Lugá es hablar de tiempo, de aprendizaje y, sobre todo, de fidelidad al escenario. Casi veinticinco años después de aquellos primeros pasos dados con más ilusión que certezas, la compañía sigue demostrando que el teatro amateur se sostiene gracias a las ganas y al contacto directo con el público. “Entré con 18 años, con mis miedos y mis dudas, y aquí sigo”, recuerda Manuel España, uno de sus pilares fundamentales.
A lo largo de este recorrido han pasado muchas personas, diferentes directores y propuestas muy diversas, desde el teatro clásico al infantil, del drama a la comedia. Esa variedad no ha sido casual, sino una forma consciente de no encasillarse. “No podemos quedarnos en un solo género, aunque ahora estemos más en la comedia”, explican, asumiendo también que el público busca, muchas veces, reír y desconectar.
Mantener viva una compañía durante tantos años no es sencillo, y El Lugá lo tiene claro: la clave está en la ilusión compartida y en la respuesta del público. “Cuando al acabar una función la gente te dice que se ha olvidado de sus problemas durante una hora, eso te llena de ganas de seguir”. Esa conexión directa sigue siendo el mejor combustible para el teatro aficionado.
Uno de los proyectos que mejor refleja ese compromiso es su Certamen de Teatro, que comenzó como una simple muestra y que hoy alcanza ya su decimoquinta edición como certamen competitivo. Con una participación que llega a superar las ochenta compañías inscritas, El Lugá ha sabido consolidar una cita cultural que llena la sala y atrae público de localidades cercanas.
En el plano artístico actual, el gran estandarte actual del grupo es Suegras, un espectáculo que ha recorrido certámenes de toda España y que en apenas nueve meses ha cosechado diversos premios. Una comedia que rinde homenaje al cine en blanco y negro y a la revista española, apostando por una propuesta visual arriesgada y poco habitual. “Queríamos hacer algo diferente, ir a contracorriente y apostar por el blanco y negro”, señalan.
Bajo la dirección de Ángel Baena, la obra combina humor constante con un trabajo corporal muy preciso, heredero del mundo del clown y la mímica. “Todo está medido: cada gesto, cada objeto, cada movimiento”, explican, subrayando un método exigente que se traduce en una gran solidez escénica.
Aunque Suegras se apoya en la risa, no renuncia a un momento de reflexión. En medio del enredo aparece un conflicto emocional que recuerda que el amor y las relaciones también necesitan espacio y respeto. “Queríamos que, además de reírse, el público se llevara algo más a casa”.
El recorrido de Teatro El Lugá no ha estado exento de dificultades. Las trabas para acceder a espacios, la falta de facilidades para la promoción o la escasa visibilidad siguen siendo obstáculos habituales para muchas compañías amateurs. Aun así, reconocen el apoyo recibido por su ayuntamiento como un factor clave para seguir adelante. “Tenemos la suerte de contar con un teatro y con respaldo institucional, y eso no es lo habitual”.
Con Suegras aún en plena gira y nuevos proyectos en el horizonte, Teatro El Lugá sigue demostrando que el teatro amateur no es un paso previo ni un terreno menor, sino un espacio de creación auténtica, sostenido por la constancia y el amor al oficio. Porque, como bien saben después de tantos años, “lo importante es actuar y que el público disfrute esa hora que pasa con nosotros”.

