La obra parte de una premisa muy particular: Alonso, un anciano con Alzheimer, cree ser Don Quijote de la Mancha. A partir de ahí se construye una historia en la que realidad, recuerdos, imaginación y teatro se mezclan constantemente. Hablamos de ese reto interpretativo y de cómo el personaje va evolucionando a medida que avanza la enfermedad.
Uno de los aspectos que más me interesa de esta propuesta es precisamente el papel que desempeña el teatro dentro de la propia historia. Alonso ha sido actor y dramaturgo y escribió una obra sobre Don Quijote. El teatro se convierte así en el hilo conductor de su vida y, dentro de su enfermedad, también en aquello que le mantiene activo y con ganas de seguir adelante.
Carlos me explica también cómo han buscado abordar el Alzheimer sin convertir la función en un drama permanente. La obra tiene momentos de tristeza y emoción, pero también espacio para la sonrisa y el humor, aprovechando esas situaciones inesperadas que pueden producirse en la convivencia con la enfermedad. El resultado es lo que Carlos prefiere definir como una “comedia emotiva”, capaz de llevar al espectador por diferentes estados.
Otro de los grandes temas de la conversación es el de los cuidados y el trabajo de los auxiliares. A través de Diego y Asun, la obra pone el foco en quienes acompañan y atienden a las personas enfermas, mostrando también la importancia de la empatía y de ponerse en el lugar del otro. Un aspecto que, según me cuenta Carlos, está llegando especialmente al público que tiene experiencias cercanas con el Alzheimer.
Hablamos precisamente de las reacciones de los espectadores y de cómo las personas mayores y sus familiares se sienten identificados con lo que ocurre sobre el escenario. También comentamos la posibilidad de llevar la obra a asociaciones relacionadas con el Alzheimer y centros educativos, acompañando las representaciones de debates que permitan profundizar en los temas que plantea el montaje.
La entrevista nos permite conocer además el proceso de trabajo de Carlos, que afronta el doble reto de dirigir e interpretar la obra, contando con Ana Gómez como codirectora y con una importante labor de revisión de los ensayos mediante grabaciones y análisis posterior.
Aprovechamos también para echar la vista atrás y repasar la trayectoria de Áriba Teatro desde sus comienzos en 2014. Una de las ideas que, según Carlos, se ha mantenido durante todos estos años es muy clara: hacer un teatro reflexivo, que genere debate y que consiga que el espectador siga hablando de la obra después de salir del teatro.
Esa filosofía está presente en Don Quijote en los infiernos, pero también en otros montajes de la compañía, como Torito Bravo o Porque Jamil. Y hablamos de cómo esa línea de trabajo condiciona incluso la búsqueda de nuevos textos: no basta con encontrar una buena obra; tiene que encajar con la filosofía de Áriba Teatro y tener ese punto reflexivo que buscan.
La parte final de la entrevista está dedicada a los reconocimientos que está consiguiendo el montaje. En sus primeros festivales competitivos han recibido dos premios en cada uno de ellos, incluyendo reconocimientos para el elenco y, especialmente, los premios especiales del público, algo que Carlos valora de manera especial porque considera que el teatro está pensado precisamente para los espectadores.
En apenas seis meses desde su estreno, Don Quijote en los infiernos ya había conseguido cuatro premios y acumulaba diez funciones, con nuevas actuaciones cerradas y otras en proceso de confirmación. Un recorrido que Carlos reconoce como una grata sorpresa y que afrontan con mucha ilusión.
Os invito a escuchar la conversación completa con Carlos López y a descubrir todo lo que hay detrás de Don Quijote en los infiernos y del trabajo de Áriba Teatro.
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